Por Marcelo Torres (Diciembre de 2008)
Es un hecho. En el tramo más reciente, el Polo viene perdiendo buena parte de su empuje y audiencia en la vida política nacional. Los debates de sus parlamentarios, atinados la mayoría y algunos resonantes, no logran revertir la tendencia. ¿A qué se debe ello? Antes que nada, debe decirse que en ciertas circunstancias, para que una fuerza política sobreagüe, señale el rumbo y se coloque a la cabeza de las muchedumbres hace falta más que debates parlamentarios. La respuesta hay que buscarla en las posiciones que ha asumido el Polo –o que no ha asumido- ante los principales hechos de la vida nacional. Se ha estado enviando al gran público mensajes equívocos, derivados de titubeos y actitudes confusas que refuerzan en diversos sectores prejuicios o prevenciones sobre el Polo. Desde el asesinato de los diputados secuestrados del Valle, hasta hoy, esta ha sido una constante. Lo fue ante las primeras liberaciones de los secuestrados, a comienzos del año; ante la marcha del 4 de febrero, contra el secuestro; frente a la intrusión ilegal de tropas colombianas en territorio ecuatoriano donde se produjo la muerte de Raúl Reyes, a primeros de marzo; y de nuevo ante la gran manifestación, otra vez contra el secuestro, del pasado 20 de julio.
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