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1.      El castigo de la opinión pública al Polo afectó la campaña de Petro

 

Se ve de bulto la diferencia entre las explicaciones surgidas en el Polo sobre los resultados de las elecciones de Congreso. Patentizan ellas que las divergencias, tan dispares como las posiciones básicas existentes en el PDA en los últimos tiempos, son abisales, van para rato y es inevitable que se expresen en este tramo final de la campaña presidencial.

 

Dos explicaciones contrarias sobre los resultados electorales

 

Para algunos -incluidos personajes de primera fila del PDA- el tropezón  del Polo en las elecciones parlamentarias obedece básicamente a que, según su parecer,  el candidato presidencial, Gustavo Petro, no expresa las posiciones de la izquierda. Así se asevera en reciente reportaje aparecido en  un diario argentino en el que se atribuye la pérdida de terreno de la izquierda, entre otras cosas, a que todos los candidatos, incluido el del Polo, coinciden “en la seguridad democrática, la política de Uribe para enfrentar a las guerrillas.” Agregándose  que “El propio candidato del Polo adoptó una actitud de centro, desmarcándose de la izquierda”, y advirtiendo que “Se necesita un candidato que asuma el lugar de la izquierda, desmarcándose de la lucha armada”[1].  Dando por sentado así -respecto de las elecciones presidenciales- que hoy no hay un aspirante que represente realmente la izquierda. Y esto lo plantea nada menos que el ex candidato presidencial del Polo, quien fuera su presidente durante más de tres años, Carlos Gaviria. Alrededor de un mes después, el mismo Gaviria reafirmó este punto de vista en un programa radial de opinión, cuando expresó que, aparte de Juan Manuel Santos, todos los candidatos del actual debate eleccionario presidencial eran de centro, corroborando implícitamente que la izquierda no ha contado con candidato propio[2]. Lo curioso es que esto ocurrió después que los dirigentes del Polo de las diversas tendencias habían acordado una “tregua” sobre las divergencias internas y luego del acto del Downtown Majestic del 13 de abril en Bogotá, que los polistas celebraron como memorable acto de unidad.  

 

Otros sostienen sin ambages que la crisis del Polo deviene de que “la derecha desde afuera apostó a desvirtuar el carácter político del Polo como proyecto alternativo de izquierda democrática, y los socialdemócratas desde adentro asumieron el desafío de cooptarlo o dividirlo, todo al servicio de una política de conciliación de clases”[3]. Identifican a Carlos Gaviria como el líder de un proyecto de izquierda dirigido “a ejercer la oposición al régimen y a construir un Polo como opción de gobierno y de poder,” y a Gustavo Petro como a quien “lideró los sectores de centro-derecha y socialdemócratas”, el mismo que luego del “equivocado proceso” de  la consulta ciudadana del Polo para escoger candidato presidencial “anarquizó al partido y deslegitimó las decisiones de su último congreso, convirtiéndose él mismo en una caricatura política, enarbolando una propuesta para hacer una oposición de mentiras, de uribismo sin Uribe y de paso avanzar en su estrategia de detener el avance del Polo como partido de  la izquierda democrática.” ¿Cómo les parece? La derrota de Carlos Gaviria en la mencionada consulta” -siguen diciendo-, no fue resultado de la escogencia democrática de los integrantes del Polo y de sectores progresistas interesados en su suerte sino de “la campaña de descrédito atizada desde el establecimiento a través de los grandes medios de comunicación, quienes  presentaron a Gustavo Petro como su candidato favorito, haciéndolo ver como un político moderado, sensato, amplio y vocero de la ‘Izquierda Moderna’, desplegando a la vez una cruzada mediática contra Carlos Gaviria, haciéndolo ver como el candidato de la extrema izquierda y de los grupos sectarios y radicales, cercano o aliado del terrorismo, figura de la ‘Izquierda Tradicional’, negado a las alianzas con grupos y sectores de la política tradicional y, de remate, aliado del clientelismo de la alcaldía de Bogotá.”[4]

Pero según los autores de la opinión que citamos, la nuez actual del asunto queda expuesta así: “En contravía y con ánimo de ruptura, [Petro] propuso ‘una convergencia democrática’ al partido liberal, a sectores desprendidos del uribismo, y a Sergio Fajardo, ex alcalde de  Medellín, entre otros, que no fuera contra Uribe sino contra su reelección, cuyo candidato debería ser escogido mediante una ‘consulta interpartidista’, con un programa cuyo fin no era enfrentar el proyecto de Uribe, sino, por el contrario, ofrecer una propuesta que tranquilizara al establecimiento, figurando como el vocero del ‘ala moderada del Polo’.”[5] Otros sectores del Polo, de mayor peso político e influencia, acaso no formulen con tanta franqueza el punto de vista planteado pero su elocuencia está en su conducta práctica.

                                                                                                                                                                               Unos de ellos, renuentes a aceptar que el PDA retrocedió o se estancó en las recientes elecciones, quieren dar carpetazo a toda polémica al respecto con apreciaciones como esta:  “Pero constituye ingenuidad o astucia que en los análisis se haga caso omiso de que el Polo es víctima de la corrupción electoral y del uso del Estado para extorsionar a los electores.”[6] No se requiere  hacer “caso omiso” de que el Polo, como otras fuerzas democráticas, fue blanco de “la corrupción electoral y del uso del Estado para extorsionar a los electores,” lo cual ya tratamos in extenso, para discernir si el desempeño político del Polo también tuvo mucho que ver con los resultados obtenidos pues hay evidencias, tan abrumadoras como irrefutables, que obligan a reparar en el punto. La astucia puede consistir más bien en pretender cerrar la discusión abierta sobre los insatisfactorios resultados trayendo a cuento lo que nadie discute.

La tesis de que la “crisis” del Polo obedece a que la derecha la induce desde fuera mientras que la socialdemocracia la atiza desde dentro, no sólo es una buena muestra del simplismo ultraizquierdista. También es el enunciado, escueto y sin maquillaje, del verdadero criterio que sobre el papel de Petro tienen los partidarios de última hora de su candidatura. Que acoge por igual la falsa noción de que todas las corrientes del sector democrático son “socialdemócratas” como la calumnia que atropella con desfachatez los hechos políticos: si alguien se ha hecho acreedor al reconocimiento del país democrático por sus denuncias sobre los crímenes del paramilitarismo y los nexos del Ejecutivo y sus amigos del Congreso con las huestes de la muerte, ese es Gustavo Petro.   

 

Ocurre que en la Colombia de hace ya cierto tiempo, la opinión pública juzga a las fuerzas y sus líderes, entre otras cosas de fondo, según la posición de estos ante candentes cuestiones como la violencia, la insurgencia armada y el secuestro, y al tenor de la apreciación que tengan sobre la posición del gobierno Chávez ante las Farc. Y el Polo no ha aprobado este escrutinio. Nadie que pretenda jalonar el avance de la izquierda y demás fuerzas avanzadas y progresivas del país puede saltar por encima de estas realidades.

 

En época tan temprana como noviembre de 2008, aseguramos “…el Polo viene perdiendo buena parte de su empuje y audiencia en la vida política nacional.”[7] E identificamos como factores de mucho peso en ese declive especialmente a la vacilación de la dirección del PDA para repudiar el asesinato de los diputados del Valle del Cauca, allá a mediados del 2007, y para señalar sin esguinces la responsabilidad de las Farc en su secuestro y muerte. De manera similar, también advertimos como una señal equivocada del Polo al gran público, la negativa, que en un comienzo adoptó la mayoría de su dirección, a respaldar la multitudinaria marcha nacional del 4 de febrero de 2008 contra los secuestros y las mismas Farc. En el lapso transcurrido hasta hoy no hubo rectificación oficial efectiva del Polo frente a tan graves extravíos pero sí, so pretexto de firmeza en los principios, se acentuó el sectarismo que se desplegó en todo su furor.

 

“En su criterio, anotaba una conocida publicación refiriéndose a las palabras del senador Parmenio Cuéllar, el partido [Polo] perdió en estos cuatro años lo que ganó en la pasada contienda presidencial…(…)…En ese momento [2006], seguía afirmando el mismo senador, a pesar de ser un partido de izquierda, logró conquistar una buena parte del centro democrático. Ahora, muchos de esos votos van a ir a parar al Partido Verde”[8]. Y concluía la revista en mención con este demoledor remate: “Parmenio Cuéllar reconoce que el PDA cometió un error estratégico al darle espacio al Gobierno para que ‘nos ‘macarthiza’[sic], relacionándonos con la lucha armada. Creo que debimos ser más verticales en la condena a la guerrilla, aunque dijeran que nos estábamos pareciendo a Uribe’ ”[9]. El asunto es que hay muchísima gente, dentro y fuera del Polo, que comparte esta apreciación.

 

Sin duda que la “guerra política” de la agencia de seguridad del Estado, como dependencia bajo las órdenes directas del Presidente de la República, constituyó un factor político deliberado, puesto en marcha para desacreditar al Polo y a sus líderes, en particular, a Gustavo Petro. En el mismo marco de tan sórdida faena, el presidente Uribe se aplicó, mediante una campaña mediática de calumnias, y de manera particularmente intensa en el tramo final de la campaña eleccionaria de Congreso, a fijar en la percepción nacional un pretendido nexo del Polo con las Farc, con el gobierno de Venezuela, y con la tragedia del Palacio de Justicia. Pero las percepciones negativas acumuladas una tras por la opinión pública sobre el PDA, por los hechos a los cuales hemos hecho alusión y por varios otros, se deben exclusivamente a las posiciones públicas del Polo, o, mejor dicho, a las de sus corrientes de ultraizquierda. En el entredicho público que terminó padeciendo el PDA no sólo hizo de palanca la “guerra política” del régimen uribista: hubo una porción sustancial proveniente de posiciones extremoizquierdistas de su propias filas.

 

Las posiciones de Gustavo Petro fueron claras y categóricas respecto a Chávez en la conflictiva situación de crisis fronteriza colombo-venezolana del segundo semestre del año pasado pero no así las de la dirección del Polo, cuyo inoportuno envío de una delegación al Palacio de Miraflores transmitía más que nada una imagen de jovialidad con el gobierno de Caracas. Con todo, las posiciones asumidas públicamente por Gustavo Petro y respaldadas por el sector democrático del PDA, a propósito de todo el recuento hecho, constituyeron un agudo contrapunto que marcó una importante diferenciación en el seno del Polo visible para la opinión pública pero que, a juzgar por las consecuencias a la vista, resultaron insuficientes para revertir la desfavorable impresión suscitada entre el gran público. Lo que sí puede asegurarse es que sin la labor diferenciadora de Petro de las posiciones de extrema izquierda existentes en el Polo, el descalabro electoral habría sido aún mayor.

El resto lo hizo la frustración, alimentada con diligencia por el gobierno Uribe, de no pocos sectores democráticos de Bogotá con el gobierno de Samuel Moreno, de cuya administración les llegó más un tufo clientelista y la inoperancia frente a los problemas más acuciantes de la ciudad, que la continuidad de las realizaciones en educación –evidentes y ejemplares- que venían de la Alcaldía de Luis Eduardo Garzón. El que no lograran salir elegidos de nuevo senadores como Jaime Dussán tuvo sin duda que mucho que ver con ello. Así, pasó lo que tenía que pasar: en las elecciones de Congreso el Polo sufrió un castigo de la opinión pública nada inesperado.

 

En las condiciones descritas, era prácticamente inevitable que el castigo de la opinión pública al Polo el 14 de marzo afectara a la campaña presidencial de Petro. Pero como si fuera poco, el mismo ultraizquierdismo del Polo al que venimos refiriéndonos, lo ha responsabilizado del retroceso sufrido con el argumento de que no asumió una posición suficientemente de “izquierda”. Una compleja paradoja: que quien más esfuerzos públicos ha venido haciendo para que el PDA deslinde campos con la insurgencia armada, sea quien resulte mayúsculamente afectado en su campaña por ese castigo. Y que las tendencias en el seno del Polo que son las verdaderas responsables del estancamiento de su votación y de la reducción de su representación parlamentaria, en lugar de iniciar una corrección a fondo de las posiciones que condujeron al desaguisado, ¡exijan más de lo mismo! (que, bien mirado, es lo que parece están logrando…)

 

La excepción de este castigo de la opinión pública al Polo lo constituyó la alta votación por Jorge Robledo. Que se explica porque una importante franja de la votación progresista y de izquierda se volcó hacia este porque lo percibió como parlamentario honesto, capaz y brillante, al igual que por la no menos importante circunstancia de que Gustavo Petro no figuró como candidato al Senado. Pero sobre todo, porque la aludida franja lo identificó como ajeno a todos aquellos cuestionamientos de la opinión pública al PDA. Lo cual no deja de ser otra completa paradoja, puesto que si hay alguien responsable de los mensajes equívocos del Polo a la opinión pública ese es Robledo. Desde luego, cualquiera podría replicar que la opinión pública progresista percibió lo grueso, la labor parlamentaria de Robledo, sin reparar en nimiedades. En cuanto a cómo actuaron los electores, así ocurrieron las cosas. Lo que sucede es que por tales “nimiedades” fue precisamente que la opinión pública castigó electoralmente al Polo y no es cosa de poca monta precisar quiénes fueron principales responsables de las mismas…  Pero habrá tiempo y espacio -repletos de hechos-, en otra ocasión, para referirse a ello.

 

Con el triunfo de Gustavo Petro en la consulta ciudadana, por un momento pareció que las cosas cambiarían y que la corriente democrática del Polo lograría imprimirle su sello a la colectividad. Mas lo cierto es que los sectores opuestos a una política de coalición y por tanto a la candidatura presidencial de Petro, después de fracasar en su intento elegir a Carlos Gaviria como candidato del Polo, practicaron, hasta las elecciones de Congreso, una no declarada pero sí efectiva actitud de cero ayuda a la campaña presidencial de Petro, que contrastaba con la actividad de sus campañas particulares para Cámara y Senado. Aupado todo ello con una presidencia del Polo, la de Jaime Dussán, parcializada y sectaria. A pocos días del 30 de mayo, puede constatarse que no participaron en la campaña, o no lo hicieron en el grado que corresponde a un serio compromiso, los efectivos de Iván Moreno, Alexander López, Gloria Cuartas -quien lo hizo público-, ni tampoco los sectores denominados Socialistas en el Polo y el Modep, que anunciaron su voto en blanco. En cuanto a Carlos Gaviria, quien había dicho con claridad que no acompañaría a Petro[10], al final lo hizo para exclamar que llegaba a salvar un barco que estaba hundiéndose…                

 

En el balance de las repercusiones de las elecciones del 14 de marzo en la campaña presidencial de Petro deben aún registrarse otras nada desdeñables. La desorganización, tan ostensible como deplorable, presentada por el sector democrático del Polo con posterioridad a los resultados de las elecciones de Congreso, fue una obvia consecuencia de la renuencia a organizar sus huestes y no constituyó precisamente una fortaleza de la campaña Petro Presidente. Petro sólo confía en el papel de las redes sociales por Internet, y su inclinación por un centralismo nada democrático, y tan personalizado como alérgico a su formalización colectiva, terminó por generar tal caos e ineficacia en las filas de las corrientes democráticas del Polo que para los sectores opuestos a estas no resultó cosa del otro mundo neutralizarlas y, en la fase final de la campaña, reducirlas prácticamente a la impotencia. En esta última consecuencia, los resultados electorales del Polo del 14 marzo influyeron de modo decisivo. En efecto, mientras que el sector democrático del Polo recibió duros reveses, el de extrema izquierda y sus compañeros de viaje salieron relativamente bien librados. Al paso que efectivos de estas últimas facciones del PDA fueron afectados en Bogotá y Antioquia, mantuvieron la mayor parte de sus escaños de Senado, les fue bien en el Valle, y, sobre todo, a nivel nacional, con la votación de Robledo; el sector democrático, en cambio, si pudo registrar el mantenimiento del escaño de Senado con que contaba y el de otro cercano, y elegir nuevos senadores en el Valle y Nariño, en este mismo departamento perdió el que tenía, no le fue bien en Bogotá y, lo que es más significativo, en la Costa Caribe, donde Petro alcanzó la mayor popularidad, no consiguió ningún escaño. Es decir, que la prosecución de la campaña Petro Presidente después del 14 de marzo sólo podía realizarse a condición de que quedara, como efectivamente ocurrió, en manos de quienes habían sido sus adversarios dentro del Polo hasta la víspera. No podía sorprender, por tanto, que en esta última etapa en la campaña prevaleciera una orientación no propiamente inspirada en la política de coalición o convergencia -Mockus, al que llegó a equiparársele con el uribismo, fue convertido en el blanco de ataque- ni que, por doquier, de los equipos de las coordinaciones de la actividad electoral fuesen relegados valiosos efectivos.                     

 

3.     El centro emergió con fuerza inesperada…

 

El sectarismo que se da en el Polo también se expresó en la hostilidad abierta a la vinculación al PDA de fuerzas democráticas o progresistas cuando estas no han sido de izquierda. En el Polo no existe una única concepción ideológica del mundo, -ni es de sentido común proponerse que llegue a tenerla-; en cambio, es precisamente por esta vía de la sumatoria política multiclasista, ideológicamente diversa  -frentista, si se quiere-, que ha podido desempeñar el papel de una gran fuerza política democrática nutrida por diversas fuentes ideológicas, y que habría podido ampliarse desde la izquierda hasta el centro, si hubiera adoptado una política de coalición guiada en su acción por un programa democrático para un gobierno de transición. Ni siquiera en la sola izquierda ha existido nunca tampoco esta unidad de concepción ideológica, pero algunas corrientes en el seno del Polo omiten la propia experiencia de éste y la de varios países latinoamericanos, y se oponen sistemáticamente al ingreso de sectores y líderes del centro político al PDA, descartando, por principio, cualquier acercamiento o acuerdo con ellos. Lo que es peor, en ocasiones como las vividas en las elecciones de 2007, se negaron a respaldar candidaturas apoyadas por sectores democráticos locales o regionales que tenían la posibilidad de impedir que fuerzas del uribismo ganaran alcaldías o gobernaciones, a pesar del riesgo de que tal negativa de apoyo abriera el camino a que estas se impusieran y en algunos casos contribuyendo objetivamente a ello. Ello se dio en casos como los de María Mulata, para la elección  de alcaldía de Cartagena, de Jorge Iván Ospina para la de Cali, que fueron elegidos a pesar de la oposición oficial del Polo a respaldarlos, y de José Guerra Tulena, al que el PDA se negó a apoyar para la gobernación de Sucre, perdiéndose así esta y quedando en manos de las más oscuras fuerzas uribistas.

     

Es decir, que el Polo no supo ni quiso atraer y capitanear el centro político; en consecuencia, este decidió actuar por su propia cuenta. 

 

El resultado no tardó en manifestarse. Se había prefigurado en el alejamiento del Polo del ex alcalde Luis Eduardo Garzón, uno de sus fundadores, a quien la capital le debe la inversión de una mayor proporción del presupuesto del Distrito al gasto social en el que sobresalieron programas como “Bogotá sin hambre” y las grandes inversiones en megacolegios; y también sus evidentes desaciertos, como la nueva descapitalización de Codensa, que, si bien ameritaban críticas públicas, no justificaban el inaudito sectarismo que le prodigó la ultraizquierda del Polo, antes y después de su administración.  La asistencia de Luis Eduardo Garzón a la Junta Nacional del Polo en febrero de 2008, en lugar de  registrarse como la reincoporación de un valioso activo, y de ser asumida con un justo reconocimiento por la labor realizada en su Alcaldía, se le recibió con una enorme piedra en la mano: sin necesidad a la vista, se proclamó el lanzamiento de la candidatura de Carlos Gaviria con la firma de varios parlamentarios del Polo. Todo ello, sumado a la percepción pública negativa existente sobre el Polo,  contribuyó a que se plasmara la alianza de los ex alcaldes de Bogotá con Fajardo, actual núcleo del Partido Verde, no en un clima de cordial vecindad, como era lo conveniente, sino como franco competidor del Polo en la conquista del respaldo de la opinión pública democrática del país, con expresiones de franco desplante y hostilidad hacia la izquierda[11]. En una palabra, hoy se constata que el sectarismo que prevalece en el Polo está cosechando lo que sembró.

 

La mera aparición del centro obtuvo una votación para Congreso que sumada -la del Partido Verde y Compromiso Ciudadano- se acercó a la del Polo: 714.119 votos, y superó la consulta del PDA para escoger candidato presidencial, si consideramos los 1,8 millones de votos de la consulta verde. El 14 de marzo apareció como un esbozo lo que entre abril y mayo se convertiría en una definida tendencia: el ascenso del centro político en Colombia con los verdes.

El país se acerca al final de las elecciones presidenciales del 2010. En esta vuelta del camino se enredó el ovillo del Polo. Y no hay trazas de que puede desenredarse fácilmente. Por eso, este balance cumple el insoslayable cometido de plantear el fondo del asunto; este es el deber de todos cuantos creemos que el objetivo más importante de la pelea entablada, al cual debe subordinarse todo, es derrotar la candidatura que representa el continuismo del régimen uribista, la de Juan Manuel Santos. Empero, por ahora no hemos hecho más que sentar las premisas y reseñar el inicio del debate, esto es, cuáles fueron las repercusiones del 14 de marzo en las presidenciales del 30 de mayo. Ahora hay que llegar al meollo del tema, lo que haré en breve, sin falta.

 

Bogotá,  14 de mayo de 2010.



[1] Uribe embrujó a los colombianos”, entrevista a Carlos Gaviria, Página 12, Buenos Aires, marzo 19 de 2010. Declaración de los socialistas en el Polo “La alternativa es el socialismo-Tesis políticas”, marzo 2010.

[2] Declaraciones de Carlos Gaviria en Programa radial de opinión de Caracol Radio, Hora 20,  abril 20 de 2010.

[3] Declaración de los socialistas en el Polo,“La alternativa es el socialismo-Tesis políticas”, marzo 2010.

[4] Ídem.

[5] Ob.cit.

[6] Robledo, Jorge, “Hay luz en las tinieblas”, , 22 de marzo de 2010.

[7] “Verdades olvidadas pero vigentes”, Editorial-separata de La Bagatela, edición # 36, Bogotá, noviembre de 2008.

[8] ¿Cuál es el futuro del Polo?”, www.semana.com, abril 13 de 2010.

[9] Ídem.

[10] El 31 de enero de 2010, Carlos Gaviria, preguntado por una periodista si acompañaría a Petro en su campaña presidencial respondió: “No se puede llegar hasta abandonar uno sus propósitos en aras de la disciplina de partido. Yo me comprometo a hacer algo mientras las condiciones se mantengan.Y si Gustavo [Petro] sigue proponiendo tesis que están muy alejadas de la ideología y de la sensibilidad del Polo, menos lo puedo acompañar”. Cfr. “A Petro lo eligieron los uribistas”, entrevista de Carlos Gaviria, www.elpais.com.co, enero 31 de 2010.

[11] Es obvio que las declaraciones de Mockus descartando la alianza con el Polo a mediados de la segunda semana de mayo no pudieron darse en momento más inconveniente. La polémica pública Petro-Mockus que tuvo lugar entonces, al alejar la posibilidad del apoyo del Polo a este último, debió alegrar las toldas uribistas y animar la obtusa propuesta del voto en blanco para una eventual segunda vuelta.   

Actualizada la última vez por PARTIDO DEL TRABAJO DE COLOMBIA May 27, 2010.

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